Desde 1840, un conjunto de familias de origen belga es propietario de este monte

Este pinar legendario perteneció desde la Reconquista a la Comunidad y Tierra de Segovia. En 1675, el Rey lo entrega a la iglesia pasando a ser propiedad de los monjes cartujos de El Paular que lo gestionaron hasta su desamortización en 1837. El pinar fue adjudicado a un especulador, que al poco tiempo lo cedió a un grupo de inversores extranjeros que visitaba España. Inicialmente se trataba de un grupo de amigos, finalmente acabaron organizándose bajo el nombre de Sociedad Anónima Belga de los Pinares de El Paular.

El carácter familiar de los accionistas de la empresa, el arraigo definitivo en España de muchos de ellos y su apuesta por un producto de largo plazo (el ciclo de maduración del Pino Silvestre para corta es de 120 años) favorecieron la innovación en los procesos sílvicolas y una gestión cuidadosa y continuada de la propiedad.

«Los Belgas» providenciales para la conservación de los Pinares del Paular

La compra del monte Cabeza de Hierro por los belgas fue providencial para su conservación. Los pinares de Malagosto y el Reventón también fueron desamortizados. En su caso corrieron menos suerte, fueron adquiridos por grandes propietarios españoles de Madrid, Segovia y Torrelaguna y talados a matarrasa buscando un beneficio rápido.

A principios del siglo XX la dirección de la Sociedad Belga, desempeñada entonces por D. Henri Dubois, rehusó vender grandes cantidades de madera para la reconstrucción de poblaciones francesas devastadas durante la Primera Guerra Mundial, a pesar de disponer de sustanciosas ofertas. Aceptar hubiera supuesto sin duda la deforestación total del monte. Esta visión, adelantada a su tiempo, es hoy considerada precursora del actual modelo de gestión sostenible de los recursos forestales.

«Los Belgas» providenciales para la conservación de los Pinares del Paular

La compra del monte Cabeza de Hierro por los belgas fue providencial para su conservación. Los pinares de Malagosto y el Reventón también fueron desamortizados. En su caso corrieron menos suerte, fueron adquiridos por grandes propietarios españoles de Madrid, Segovia y Torrelaguna y talados a matarrasa buscando un beneficio rápido.

A principios del siglo XX la dirección de la Sociedad Belga, desempeñada entonces por D. Henri Dubois, rehusó vender grandes cantidades de manera para la reconstrucción de poblaciones francesas devastadas durante la Primera Guerra Mundial, a pesar de disponer de sustanciosas ofertas. Aceptar hubiera supuesto sin duda la deforestación total del monte. Esta visión, adelantada a su tiempo, es hoy considerada precursora del actual modelo de gestión sostenible de los recursos forestales.

Pioneros en la conservación de la colonia de buitre negro en la Sierra de Guadarrama

En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, la administración del régimen crea las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos. Las aves rapaces, consideradas dañinas, fueron objetivo de los alimañeros a los que se les pagaba por su extinción.

A principio de los años 40 D. Juan Pedro Lecocq asume la dirección de la empresa, tras el fallecimiento de su predecesor D. Esteban Blanco.  Durante su gestión, hasta 1967, decide adoptar medidas para la conservación de la colonia de buitre negro que aún hoy resultan avanzadas. Se opone a la destrucción de los nidos del pinar y colabora activamente con algunos ornitólogos extranjeros que realizan estudios científicos sobre esta especie. No es descabellado pensar que si el buitre negro sobrevuela hoy la Sierra de Guadarrama es en gran medida gracias la acción de un hombre adelantado a su tiempo que comprendió que aquellas aves formaban parte de su equilibrio ecológico.

El gran legado social y cultural de la Sociedad Anónima Belga de los Pinares de El Paular

La extracción de madera del Pinar de los Belgas tiene una historia jalonada de grandes hitos magníficamente relatados por el naturalista y escritor Julio Vías.

El aserradero de Rascafría es el testigo vivo de una actividad industrial extraordinaria que ha tenido una influencia social y económica decisiva no solo en la comarca sino en toda la ciudad de Madrid. A partir de 1860 la demanda madera para la construcción de sus nuevos barrios hace que la Sociedad Belga construya una serrería y posteriormente unos almacenes en la capital. Poco tiempo después crece a su alrededor un entramado social de oficios relacionados con la madera y la construcción que aún persiste. En 1925 la ampliación de las naves de la “serrería belga” de la calle Atocha es uno de los primeros ejemplos de construcción industrial de hormigón. Tras el cese de su actividad en los años 90, el singular edificio fue comprado por el Ayuntamiento de Madrid. Hoy el edificio mantiene ese espíritu emprendedor al ser la sede del conocido espacio para el desarrollo de proyectos culturales Medialab Prado.

El gran legado social y cultural de la Sociedad Anónima Belga de los Pinares de El Paular

La extracción de madera del Pinar de los Belgas tiene una historia jalonada de grandes hitos magníficamente relatados por el naturalista y escritor Julio Vías

El aserradero de Rascafría es el testigo vivo de una actividad industrial extraordinaria que ha tenido una influencia social y económica decisiva no solo en la comarca sino en toda la ciudad de Madrid. A partir de 1860 la demanda madera para la construcción de sus nuevos barrios hace que la Sociedad Belga construya una serrería y posteriormente unos almacenes en la capital. Poco tiempo después crece a su alrededor un entramado social de oficios relacionados con la madera y la construcción que aún persiste. En 1925 la ampliación de las naves de la “serrería belga” de la calle Atocha es uno de los primeros ejemplos de construcción industrial de hormigón. Tras el cese de su actividad en los años 90, el singular edificio fue comprado por el Ayuntamiento de Madrid. Hoy el edificio mantiene ese espíritu emprendedor al ser la sede del conocido espacio para el desarrollo de proyectos culturales Medialab Prado.

El Pinar de los Belgas hoy

El Pinar de los Belgas es a día de hoy un ejemplo reconocido en materia de gestión forestal. Es también un espacio abierto, de gran belleza paisajística. Su ubicación en los límites del ampliamente publicitado Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama lo convierte en receptor inesperado de un gran número de turistas. La mayoría de ellos disfruta respetuosamente del entorno, pero lamentablemente desconocen que aquello que tanto admiran se sustenta en una gestión privada y en la necesaria venta de productos madereros de gran calidad, que aquí les invitamos a descubrir.

La empresa se enfrenta hoy al reto decisivo de garantizar la subsistencia del Pinar de los Belgas. Su ubicación excepcional genera una especificidad normativa que complica la tradicional explotación forestal. La sostenibilidad que persiguen los poderes públicos está hoy en riesgo pues la presión normativa, medioambiental y turística están comprometiendo los principios de la gestión privada. La empresa ha manifestado públicamente su predisposición a conversar sobre el futuro de la propiedad con las Administraciones Estatal o Autonómica. En su defecto la oferta queda abierta a empresas y particulares interesados en adquirir una propiedad de altísimo valor ecológico y ubicación excepcional.

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